El “renacer” del erotismo en la industria cultural del libro

Jorge Ángel Hernández

Si hablamos de mercado, y de industria cultural del libro, debemos reconocer que Cincuenta sombras de Grey, James Cincuenta sombras (saga)de la autora británica E. L. James, ha sido la piedra de toque del último boom del erotismo en el mundo editorial europeo. Publicada por Vintage Books en 2011, en una edición de perfil bajo, se convirtió de inmediato en superventas y generó las inevitables y apresuradas sagas que la industria exige.

España, luego de un periodo de descolocarse oficialmente de la férrea censura franquista, aunque no tanto del anquilosado juicio moral de sus lectores, es reflejo eminente de ese llamado renacer del erotismo en la literatura. El sello editorial Grijalbo publicó en 2012 una traducción de Cincuenta sombras de Grey y prosiguió, desde luego, con las sagas subsiguientes. Pero esta nueva explosión editorial depende, por su propia intención comercial, de una relación simbiótica entre la obra literaria de E. L. James y la realización audiovisual que la mayoría ha consumido, aun cuando medien cuatro años entre el suceso editorial y el estreno del filme, dirigido por Sam Taylor-Wood y protagonizado por Dakota Johnson y Jamie Dornam. Las jóvenes generaciones que buscan la obra literaria de James lo hacen a partir de que necesitan desprenderse del dominio iconológico del audiovisual para enfrentarse a la reflexión solitaria y personal. En esa línea de opinión se sitúa Almudena Grandes, autora de Las edades de Lulú, Premio La sonrisa vertical 1989, quien ve en el resurgir de lo erótico un acto de liberación femenina, que no busca simplente el sexo sino el equilibrio social de libertad que en su expresión pudiera conseguirse. Un tópico latente del siglo XXI radica en la necesidad de establecer las bases hacia la igualdad de género, para trascender el doble rasero que crea el reconocimiento de derechos bajo las normas patriarcales que marcan la moral y, con ello, la posibilidad del sustento y la independencia económica de la mujer. Pero el carácter transgresor de estas obras eróticas, en el ámbito de las diferencias de género, lo es solo a condición de que esos iconos morales continúen marcando los juicios de valor, pues no se trata solo de tabúes latentes acerca de la libertad personal de la mujer, sino de todo el entramado de reglamentación que oprime aun las fuentes del deseo.

Indicios de la fuerza institucional del tabú respecto al sexo se advierten al comprobar que no son tantas las novedades que se lanzan al público y al descubrir, con ellas, obras de corte académico que buscan avalar ciertos modos de comportamiento sexual considerados libertinos o que, al menos, han sido usados para buscar formas de control sobre su desarrollo. La propia defensa de Almudena Grandes, centrada en elementos pragmáticos del comportamiento, revela hasta qué punto late más una política de legitimación del erotismo que el necesario desafío a los siglos de deseo oprimido.

El editor de Los dominios de Venus, una de esas novedades editoriales que indagan en el panorama de recepción del erotismo, Mauro Armiño, considera esta obra continuidad de su compilación Cuentos y relatos libertinos (Siruela, 2008), anterior, en efecto, al fenómeno Cincuenta sombras de Grey. Del mismo modo es anterior a ambos El amante de Lady Chatterly, entre muchos ejemplos que en su momento provocaron represión y escándalo. Lo que sí es una circunstancia puntual de este momento de la industria es el arribo de textos académicos, ensayísticos o testimoniales de activismo social que rodean al fenómeno de los best-sellers. De la perspectiva médico-psicológica con que se había abordado el sexo en lo más atrevido del siglo XX, se ha pasado a una ofensiva de reordenamiento del valor y el derecho al placer sexual, sobre todo desde una perspectiva femenina y no, como tradicionalmente ocurriera, desde la visión masculina que pretendía reivindicar ciertos modos de servicio de las necesidades eróticas de la mujer. Por tanto, y mientras esos llamados clásicos del género mantengan su fuerza de modelo, el gesto liberador no hallará terrero fértil para incidir en las bases morales de la recepción.

Al respecto, Agnes Heller advierte que someter los afectos y motivos particulares a las necesidades socio-comunitarias no constituye la moral, sino una condición preliminar mediante la cual se busca la aceptación de esa exigencia colectiva. En ese transcurso, agrega, entran en contradicción el comportamiento concreto de los seres humanos con el conjunto de las normas abstractas que definen los valores morales por los que el ser social se rige.1

Al panorama editorial del erotismo se había sumado Mayra Montero (La Habana, 1952), con Púrpura profundo, Premio La sonrisa vertical 2000, bastante antes de la aparición de la obra de la autora británica, aunque las bases transgresoras de la novela se hallan mucho más cerca del propio interés por la literatura latinoamericana escrita por mujeres, y presentada desde la perspectiva enunciativa feminista que siguiera al post-boom, que del fenómeno erótico propiamente dicho. Y así mismo, más cerca de la reivindicación de género que del giro directo al erotismo. De ahí que no sea errado adjudicar al éxito comercial de Cincuenta sombras de Grey, desde su texto inicial de perfil bajo y nula calidad literaria, hasta su adaptación cinematográfica, la acentuación del interés editorial por obras de esta índole.

Tengamos en cuenta que La Venus de las pieles, de Leopold von Sacher-Masoch (1836-1895), fue llevada al cine por Roman Polanski  en 2013 y que ganó con ella el premio César a la mejor dirección. En 2014, Tusquets la publicó en su colección La sonrisa vertical y consiguió un inmediato incremento del 50% de las ventas en el reporte del año.

La propia Agnes Heller indica que la heterogeneidad del comportamiento individual es solo una de las causas del surgimiento de la moral, y que esta no se completa sin la ruptura del cordón umbilical de la comunidad con los juicios de valor que van a dominar la sociedad clasista.2 De modo que la particularidad liberadora de los textos eróticos focalizados en el deseo femenino, no trasciende aun las normas represivas de la particularidad social, aunque se aprecie, en efecto, una búsqueda mucho más concreta y definida de los puntos esenciales de liberación y equilibrio genérico.

Se trata, en este instante del proceso de la industria, de un momento de redireccionamiento masivo de una cuestión que ha chocado contra la dominación moral de las instituciones a lo largo de la historia de la humanidad, según el poder que el tabú logre imponer al entramado de normas cotidianas. Pero el tabú acerca del sexo y su práctica libre no se expresa solo en el ámbito de la censura moral que responde solo a estamentos de dominación social, más que sexual, sino que refleja también la tradición prejuiciosa que lo sustenta en la propia perspectiva de esa liberación, asociado a la necesidad de emancipación de las mujeres y los deseos particulares que trascienden la norma históricamente establecida a través de la sagrada familia. La acentuación patriarcal de la moral recibe el empuje de la supeditación femenina como una sacudida, como un desafío, lo cual demuestra que aun las generales del comportamiento cotidiano protegen las abstracciones morales de dominación masculina, incluso dentro de la propia narrativa de género.

De ahí que a ese boom narrativo lo acompañe un compendio de reediciones de textos ensayísticos que reivindican las formas eróticas que expanden el deseo y que, por tradición, se han considerado libertinas y, por tanto, fuera de la norma moral que otorga el logos rector de la ciudadanía. Falta saber si de verdad equilibran en el plano de la particularidad femenina, o si solo se trata de un nuevo giro sofístico de la dominación masculina.
Notas:

1. Agnes Heller: Sociología de la vida cotidiana, Ediciones Península, Barcelona, 1987. ISBN: 84-297-1360-3.

2. Ídem.

Publicado en Semiosis (en plural), Cubaliteraria, Editado por Patricia M. Peña

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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