El retablo de Ravsberg

Jorge Ángel HernándezSpaceRavsberg

Puedo imaginar al periodista Fernando Ravsberg parodiando al personaje Lord Dark Helmet, encarnado por Rick Moranis en abierta parodia del Darth Vader de Star Wars, en el film Spaceballs, de Mel Brooks. Ante una amplia mesa sobre la que se dibuja el mapa de los destinos galácticos, el periodista juega con soldaditos de plomo vestidos a la usanza del ejército de Pol Pot y grita frases en su nombre. “Por donde pasamos, Lagarde, no queda ni la yerba”, dice el que encarna a Iroel Sánchez. “Adelante, camaradas, somos los iluminados de la revolución”, exclama el que nombra Enrique Ubieta, “Vade retro, gusanos”, conmina el que encarna el escritor y otrora doble agente Raúl Antonio Capote, etc. etc.

De fondo, un coro de voces angelicales (que él mismo grabará con la suya propia en varias pistas digitales) se lamenta: “Ah crueles, / crueles extremistas de siempre / ¿por qué nos boicotean / el sistema de siempre?” (Imagino a Ravsberg con escaso don para las rimas sugerentes debido a que demuestra tan poco don para jugar con soldaditos de plomo.) Al concluir, feliz ante su gesto de demiurgo, pergeña un artículo de tono serio mediante el cual traduce el juego de los soldaditos de plomo con el que tanto se divierte. Lo titula, sagaz, “Cuba y sus Pol Pot tropicales”.

Para empezar, en párrafo de arranque, Ravsberg aprovecha ese artículo “serio” para alterar el principio de la puja ideológica. Desconoce, o a propósito recorta los primeros trabajos que aparecieron al respecto, de uno y otro lado. Y, sobre todo, adjudica a Segunda Cita algo de lo que ese blog es eco (o trampa involuntaria). El propio Silvio le declara a Aurelio Alonso que publica un artículo de Fernández Estrada solo porque él se lo ha enviado, aunque no le parece bueno y no comparte su punto de vista. Se trata de un colaborador asiduo de Cuba posible que, para recolocarse, acude a Aurelio Alonso quien a su vez acudirá a Segunda cita.

En el segundo párrafo aparecen en la lista de créditos los inocentes atacados por los extremistas: “Cuba Posible, La Joven Cuba, Periodismo de Barrio, Cartas desde Cuba, OnCuba, el Estornudo y muchos otros” (va de mi parte la negrita). Para el periodista serio, estas publicaciones no atacan el orden constitucional de la revolución cubana ni a sus métodos, sino que proponen soluciones a lo que el mapa de Ravsberg en la mesa muestra como callejón sin salida. O sea, el proyecto revolucionario cubano que aun dignifica la soberanía de una nación y un pueblo, en el político sentido de los términos. Algunos de los vilmente atacados por los extremistas han declarado abiertamente que trabajan por una transición en Cuba hacia el sistema de Partidos Políticos, o sea, hacia el capitalismo y, por tanto, hacia la destitución del orden revolucionario soberano. Ravsberg, una vez más, lo desconoce, o a propósito lo ignora, en aras de mantener la seriedad periodística, supongo, que ya tendrá tiempo de volver hasta sus soldaditos de plomo.

Para continuar, saca del contexto de los comentarios los insultos y descalificaciones (las que abundan, por cierto, en su propio blog, con estadísticas muy superiores para la contrarrevolución monda y lironda) que de pronto se le lanzan a Silvio Rodríguez y él aprovecha de inmediato. Y continúa, como una especie de vocero voluntario de Silvio, acusando a esos iluminados extremistas de intentar boicotear las relaciones con Estados Unidos. (“A los Estados Unidos ni tantito así”, había jurado el personaje que encarnaba a Pérez Salomón).

De plano es evidente una paradoja: ¿cómo los oficialistas, a los que va a llamar, Che Guevara mediante, asalariados dóciles al gusto oficial, se oponen tan públicamente, y acaso orientados, a la política oficial que tanto trabajo subterráneo costó? O sea, que son robots para enfrentarse a los que consideran contrarrevolucionarios, pero no lo son para estos otros puntos. ¡Vaya! ¡Vaya! Como guion, hay desmacheo.

Impasible ante la paradoja, Ravsberg se enfrasca en la enumeración nominal de los inocentes agredidos en tanto vilipendia a los que focaliza en calidad de extremistas como “media docena de oscuros funcionarios, autopromovidos como guías ideológicos de todos los revolucionarios cubanos”.

Y despliega en toda su seriedad periodística lo que los soldaditos de plomo de la mesa prodigaron: “Presionan al gobierno para que cierre revistas digitales, amenazan a los periodistas que trabajan en ellas, piden la expulsión de corresponsales extranjeros, buscan romper relaciones con sectores moderados de la emigración y tratan de que la Seguridad del Estado actué contra todos ellos”. Toda una agenda diabólica que sale de la oficialidad, pero a la que la oficialidad no tiene en cuenta, para seguir el desmaacheo flagrante del guion.

La comedia, es cierto, basa parte de su comicidad en contradicciones de círculo vicioso, aunque siempre con un código previo de significación.

Su intento de ridiculizar a estos blogueros de extremismo extremo no resulta tan cómico en el artículo serio como en la mesa íntima de operaciones de Dark Helmet. Aunque no es importante si se cuenta con el consenso de quien no quiere escuchar el argumento del otro. El objetivo de Ravsberg apunta a dividir, a aislar estos criterios del panorama nacional. De ahí que acuda al “poco caso” que el Partido les hace y la carencia de poder para “masacrar intelectuales”.

Por intuición acaso, descubre de pronto que la comparación con los Khmers Rojos de Camboya no va tan efectiva y se apresura añadir otras opciones:

  1. “cruzados, llamados por la providencia a combatir el mal, encarnado por los herejes, los conversos y los ingenuos”.
  2. “Guardianes de la Fe que, protegidos por la sombra de la Santa Inquisición, combatían la inteligencia con el terror”.

III. “los que mantienen la hoguera siempre encendida como advertencia para quien se atreva a pensar que existe algo más allá del dogma”.

Solo falta agregar el consabido Marque con una X la respuesta correcta.

La apuesta, sin embargo, vendrá en el mismísimo cierre del artículo serio. Le sugiere al oficialismo revolucionario que de ellos se desprenda, que no permita más zancadillas de esos “becarios que viven al amparo del presupuesto”. Así, la comedia de los Khmers tropicales (o cruzados, o Guardianes de la Fe, o dogmáticos, según se haya marcado en la casilla al uso) se transforma en tragedia ejemplarizante, en justicia divina que inquisidoramente castiga y ejecuta a esos oscuros extremistas que cuentan pero no cuentan con el apoyo de espacios oficiales. Abusadores que no tienen derecho a denunciar, menos aún a opinar y criticar, a quienes vienen cabalgando en el caballo de Troya de la revolución cubana.

 

Acerca de ogunguerrero

Oggun, orisha guerrero; con Oshosi, dueño del monte; con Elegguá, domina sobre los caminos. Mensajero directo de Obatalá. Rey de Iré, vaga por los caminos solitario y hostil. Jorge Angel Hernández, poeta, narrador, ensayista (31/8/61)
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3 respuestas a El retablo de Ravsberg

  1. Evelio dijo:

    ¿Esto es un artículo serio? Rectifico: ¿esto es un artículo? Rectifico una vez más: Esto… ¿qué es?

  2. ogunguerrero dijo:

    Y esa superioridad de “peor ciego…, qué es? Sin rectificaciones, dicho sea de paso

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