Contradicciones culturales y sacudidas ideológicas

Jorge Ángel Hernández Antonio Gramsci (contradicciones)

Publicado en Semiosis (en plural), Cubaliteraria, marzo 17 de 2014

Con la presión que ejercen las transformaciones revolucionarias inmediatas al triunfo sobre el magma de costumbres y tradiciones de la sociedad cubana, y la necesidad de compulsar a esa sociedad a evolucionar desde sí misma, la dirección correcta, de avanzada, en la que el cambio social va a descansar, corre el riesgo de asumir derroteros que privilegien un sistema de pensamiento consignatario, superficial, declamatorio y, sobre todo, reaccionario contra todo tipo de cuestionamiento. Es una práctica conservadora que se reinstala en las nuevas circunstancias y que puede incrementarse según se ejerza o no incidencia sobre ella. No es tampoco baldía por completo, pues responde a la necesidad de resistir las estrategias injerencistas que acosan al proceso revolucionario. Más que los propios errores de concepto en la enseñanza de la filosofía, que se hacía masiva e irreversible, el avance iba a ser erosionado por errores de actitud cultural, prejuicios políticos indisolublemente ligados a la incapacidad de asimilar, como cultura, los aportes de esas tendencias y obras que servían de base a la decisión nacional de sostener la rebeldía a toda costa. Es un error histórico en el que no sólo han incurrido marxistas que ejercen el poder, sino también marxistas que constituyen minorías dentro de sociedades eminentemente deudoras del capitalismo. Y, si bien no es inherente al marxismo, es decir, una piedra de Sísifo de su preceptiva, sí es una terca espada de Damocles a la que se hace necesario evadir. Sigue leyendo

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Contradicciones culturales y cambio revolucionario

Jorge Ángel Hernándezmarx

Los años inmediatos al triunfo de la revolución cubana de 1959, impelían a la ciudadanía a sumarse a un acelerado proceso de modernización que, al ramificarse por todos los estratos de la sociedad, quedaba por delante de sus propios planteamientos. Esta aceleración respondía, en esencia, a la necesidad de avanzar en las propias etapas del desarrollo civilizatorio atravesando de medio a medio la sociedad interior de la nación, que había estado sumida en un largo periplo de sopor. Era un proceso tardío, necesario y pertinente, y, por tanto, vulnerable a enfrentamientos que polarizaran acción y pensamiento. Los referentes reales de la historia, de la URSS a China, ofrecían un espectro de ejemplos que pedían desde entonces una indagación crítica que a toda costa se deslindara de los patrones de juicio de la Guerra Fría. Varios intelectuales cubanos tomaron conciencia de esa necesidad.
Uno de sus protagonistas en el campo de las ciencias sociales, Fernando Martínez Heredia, considera que, apenas hoy, hemos ido dejando “zonas descomunales de silencio y olvido”, así como “otras, al parecer cubiertas, en que la reiteración de palabras claves y de frases de efemérides sustituye a los elementos de hechos que aporten al conocimiento y promuevan el interés de saber y la motivación de querer a las actitudes y vidas que fueron ejemplares, y de emular con ellas.” La actividad de avance revolucionario reclama un concurso masivo, popular, emergente, en el cual se colocan con cierta capacidad de éxito las actitudes dogmáticas de exclusión y marxismo escolástico, puesto que los sujetos que reproducen estas actitudes marchan, también, hacia una voluntad expresa de ayudar al proceso revolucionario. Si bien es cierto que no deja de haber oportunistas camuflados, ellos no constituyen, al menos en un orden estadístico, una generalidad representativa. Sí terminan usurpando ese grado representativo cuando el orden cultural sufre embates de retroceso de los que ellos mismos fueron piedra de toque. Digo piedra de toque porque, si desde la cultura se hubiese reclamado el papel de defensores del proceso, se hubiera conseguido al menos cierto frente de resistencia. Pero una buena parte de los creadores se replegaron, esperando a que otros esgrimieran la capa y enfrentaran al toro. Se le dejaba entonces el papel de la crítica a fuerzas de pensamiento condicionadas en su visión externa: una derecha rancia y anticomunista, una derecha moderada por la democratización cultural pero anticomunista en esencia, y una izquierda cuya desorientación factual no le permitía otra cosa que hacerse cómplice involuntario de los enfrentamientos de las derechas.
La defensa de la revolución se colocaba, en bastante medida, en manos de los seguidores de ese dogmatismo escolástico, quienes llevaban a extremos sus criterios de ocultamiento y edulcoración de realidades. Es decir, se traducía el ideal teológico-burgués del paraíso en la tierra mediante la eficiencia de la libertad de mercado y la resignada asimilación de sus desigualdades sociales, a través de un paraíso terrenal producido por la colectividad y el incesante sacrificio del que se suponía brotaba la cuota que cada cual merecía recibir. La colectividad cubana reproducía contradicciones agudas, dadas, entre muchos factores, por la dicotomía evidente entre los presupuestos doctrinarios y los resultados inmediatos que la propia existencia presentaba. La intensidad de las confrontaciones, por la importancia de lo que en el fondo podía estar en juego, hizo que el señalamiento de Ernesto Guevara acerca del “pecado original” de nuestros intelectuales —no ser auténticamente revolucionarios— fuese tomado como un peligro a combatir antes que como un estadio cuya solución cultural era posible y necesaria. Es, desde luego, más fácil tachar que reescribir. Cada tachadura sólo puede implicar un gesto de desaparición; la reescritura, luego de transitar la agonía de reconvertir sus perspectivas, ofrece al menos una imagen maleable.
No se trata, a mi modo de ver, de que esos inteligentes y reconocidos intelectuales burgueses sean incomprensiblemente ineptos para entender el mundo circundante, sino de que su comprensión, aún después de haberse sumado a la revolución, necesita partir (luego amar, luego temer) de las propias tradiciones culturales en que se han formado. Son tradiciones que, aun cuando necesariamente atravesaron el estadio histórico cultural capitalista, van a extender notables y numerosos elementos de sobrevivencia en el propio proceso de transformación del sistema de relaciones sociales. Lo lógico es, básicamente, que un intelectual de raíces teológicas comprenda el objetivo del marxismo, y hasta se sume a defender sus conquistas de futuro, pero que no logre comulgar con sus nociones y conceptos para desarrollar su propio pensamiento en perspectiva. Y si, para seguir arrastrando nocivas tradiciones de dominación, se interviene decisivamente en sus costumbres y rituales de tipo religioso, y se les acusa torpemente de idealistas, se hará imposible conseguir tangentes de colaboración, a menos que estas sean forzosas, hegemónicamente impuestas. De ahí que, sin superar las condiciones de pacto social entre las fuerzas actuantes de la revolución en marcha y los representantes del arte y la cultura y, con ellos —no olvidarlo- los sectores populares que veían que de nuevo sus prácticas religiosas se estaban marginando desde la praxis ideológica de la institucionalidad rectora, la contradicción se expresara como un estancamiento que, muy pronto, alcanzaría un alto costo histórico.
A esas zonas de silencio evocadas por Martínez Heredia, tendríamos que sumar la producción agrícola, con el impacto que recibía la cultura tradicional del campesinado ante los nuevos enfoques de la modernización, y los propios resultados del proceso de rectificación de errores que, en el descenso vertical de las instituciones, quedaba a cargo de buena parte de esos entusiastas dogmatizadores. El proceso de rectificación, que partía de una respuesta de la dirección revolucionaria a lo que estaba generando un conflicto palpable en el nivel social, quedaba revocado por la propia dinámica de los procedimientos de reproducción mecánica, los cuales terminaban siendo regenteados por esa misma institucionalidad retardataria que había usurpado el discurso de vanguardia. Esta contradicción no pertenece únicamente al proceso revolucionario cubano, sino que ha sido parte de todos y cada uno de los procesos de transición socialista hasta ahora realizados, por lo que urge, si se pretende dar el salto dialéctico imprescindible, reconfigurar las proyecciones conceptuales y asimilar de un modo más raigalmente crítico la herencia de las contradicciones culturales del capitalismo.
Contradictoriamente, la transformación revolucionaria cubana de 1959 surge con una programática oficial que llama a romper de lleno con las consecuencias de estas experiencias. En «Palabras a los intelectuales», el máximo líder del proceso anuncia:
¿Quiere decir que vamos a decir aquí a la gente lo que tiene que escribir? No. Que cada cual escriba lo que quiera, y si lo que escribe no sirve, allá él. Si lo que pinta no sirve, allá él. Nosotros no le prohibimos a nadie que escriba sobre el tema que prefiera. Al contrario. Y que cada cual se exprese en la forma que estime pertinente y que exprese libremente la idea que desea expresar.
La contradicción no se afinca solo en la plataforma, sino en el proceso que interpreta y dinamiza la transición socialista. El párrafo citado de «Palabras a los intelectuales» coloca el asunto en su nudo polémico:
Nosotros apreciamos siempre su creación a través del prisma del cristal revolucionario. Ese también es un derecho del Gobierno revolucionario, tan respetable como el derecho de cada cual a expresar lo que quiera expresar.
A párrafo seguido, Fidel Castro anuncia las medidas que se están tomando para garantizar la coexistencia de ambos derechos. En «El socialismo y el hombre en Cuba», Ernesto Guevara plasma la contradictoria necesidad de transitar en principio sobre las propias normas del capitalismo para incluir a toda la sociedad en la transformación de los valores de existencia y, con ello, en los niveles de percepción cultural. La práctica institucional no fue siempre consecuente con el espíritu de tales planteamientos y dedicó demasiados esfuerzos a habilitar medidas que estrechaban la letra de lo antes planteado. Así, cuanto más necesaria se va haciendo la socialización masiva de las nuevas perspectivas sociales, productivas, culturales, más imprescindible se hacía la existencia dinámica de un laboratorio social de indagaciones y confrontación ideológica.
Martínez Heredia observa que, en el proceso de confrontación interna revolucionaria inmediata a 1959, surgieron dos vertientes: “la de los adherentes al partido comunista y al pensamiento marxista de la época —el llamado estalinismo—, y la de pensadores y activistas ajenos a ese partido.” O sea, que frente al pensamiento sectario del estalinismo, con actitudes contraproducentes y desacertadas en la historia cubana y latinoamericana, manejadas con eficacia mediática por los militantes del pensamiento burgués que se autoproclamaba libre, aparecía lo que Martínez Heredia califica como “pensamiento social elaborado”, es decir, “el liberalismo, el patriotismo, el antiimperialismo, el democratismo, las ideas de justicia social y el socialismo.” No ha podido surgir, en el depauperado ambiente nacional, no ya una organización de las ciencias sociales que permita la confrontación orgánica de sus variantes, sino un espectro teórico capaz de arrastrar en sus análisis tanto lo particular como lo general que con los fenómenos abordados se relacionan. Por ello, estas fuerzas de pensamiento se veían, no obstante sus aportes, insuficientes para hacer trascender el hecho concreto de la revolución triunfante. Se ejecutaba un proceso de transformación social que iba delante de las ciencias sociales, del pensamiento teórico y, en buena medida, de la creación artística y literaria; ello, a la vez que un mérito social, es un síntoma de deficiencia que va a arrojar desafortunadas consecuencias de inmediato. Por una parte, aplicando casi literalmente la experiencia soviética, las tendencias reductoras iban a ocupar espacios de poder determinantes en dos sectores vitales e interconectados: la educación y la cultura.
Emerge aquí una paradoja que entraña grados de complejidad histórica que no debemos desdeñar en el análisis: educación y cultura son esenciales para trascender los aportes de la herencia general que el pensamiento revolucionario requiere para insertarse en el concepto de nación. Sólo transformándolas desde la base es posible construir un pensamiento renovador que no se estanque en cierto grado de prescripciones, sino que se proyecte en un desarrollo futuro eminentemente dialéctico, autocrítico y que a la vez consiga resistir al enfrentamiento de guerra despiadada, falsamente aceptada como fría, que desde el capitalismo se le impone. Y en esos objetivos se centran las bases del proyecto revolucionario cubano.
Al limitar la dialéctica de indagación y cuestionamiento que entre educación y cultura debe sucederse, se atrofia el proceso de socialización emancipatoria y se crea una praxis que coarta el cuestionamiento de valores que necesitan renovarse en su esencia, antes que en su apariencia. La expresión popular se adapta, siquiera críticamente, a esa práctica capitalista de violencia simbólica y dominación social legitimada por la imagen que se representa como resultado del cambio. Es algo a indagar desprejuiciadamente, es decir, liberados también de las perretas acusatorias que tan bien se montan en la línea estática de Guerra Fría.
Publicado en Cubaliteraria, 25 de febrero de 2014

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El Congreso de la UNEAC y los petardos

 Jorge Ángel Hernándezespejismo

La proximidad de un nuevo Congreso de la UNEAC despierta expectativas en la absoluta mayoría de sus miembros; en unos porque su sentido de pertenencia los lleva a contribuir para que su camino continúe, con aciertos y errores, como es natural en toda obra humana, contribuyendo a la cultura cubana y, con ello, al mejor destino de la nación; en otros, porque el grado de legitimación que otorga la organización les permite “arañar” determinadas prebendas y, en otros, porque nos hallamos en un momento imprescindible, difícil y crucial, a veces caótico y errático, de la actualización del modelo socialista cubano. Algunas de esas decisiones, por supuesto, pueden inclinar la balanza hacia una u otra dirección, proyectando tanto la continuidad como su ruptura definitiva. Son puntos de análisis impostergables que merecen abordajes serios, profundos y, sobre todo, ajenos a los eternos prejuicios que los patrones de juicio de la Guerra Fría dejan aun en el imaginario cultural de la ciudadanía. Sigue leyendo

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Logos y cambio revolucionario

Jorge Ángel Hernándezartgallery20007

El cambio revolucionario propone, explícitamente, una reducción acelerada del papel clasista de la burguesía como clase social y extiende a la cultura el concepto de clase. Actúa, por tanto, desde la esfera política, aunque se hace muy rápidamente patente en la mayoría de las áreas de la sociedad. Al acelerar de modo artificial, desiderativo, este proceso, no solo lo retarda, sino que pone en riesgo su propia continuidad como sistema social y, como se ha visto en el modelo europeo, puede, en efecto, perderlo. Por demás, el cambio revolucionario no sólo no se libera del ejercicio tecnocrático y burocrático de la cultura oficial, sino que, al verse envuelto en una fuerte lucha de clases, más aguda una vez que se ha instalado en el poder, y sustentada además por un sistema global de confrontación ideológica, está obligado a centralizar al máximo el logos rector. Con ello, el ritualismo elitario de los grupos cultivados cambia de propósito ideológico —y a veces, felizmente, axiológico— y se mediatiza alrededor de determinados ideologemas altamente excluyentes y sustentadores de ese logos.

No hay que olvidar que esta lucha de clases que se desencadena en el proceso de cambio revolucionario en el poder no cuenta con los escenarios ecuménicos en que se ha perfeccionado el logos rector sobre el cual las manifestaciones populares se van legitimando. Hay una tradición cultural que, aunque haya golpeado, y traspasado en ocasiones, las fronteras de dominio, no adquiere sentido si no es dentro de las propias convenciones de valor que sustentan el porqué de su historia. De ahí que las revoluciones intenten levantar nuevos símbolos en la cultura y, en esa acelerada carrera, vayan derribando otros que, bien pensado, debieron ser tratados con una displicente cortesía para que, por fin, consiguieran disolverse en su propio ciclo de agotamiento expresivo. Sigue leyendo

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El golpe (taquillero) de Thor. El mundo oscuro

Jorge Ángel Hernández

Lugares comunes para el efecto taquillero de Thor. The dark world

Lugares comunes para el efecto taquillero de Thor. The dark world

La película Thor. The dark world, de Kenneth Branagh, basada en el Comic homónimo de Marvel, ha pasado al primer lugar de las recaudaciones en regiones tan distantes como  EEUU, Canadá o Argentina. Se trata de un proyecto que, aunque surgió bajo el influjo de la filmación de historietas que la industria cinematográfica puso en órbita a finales del siglo XX, había quedado dormido en las gavetas de la negociación. Acaso la experiencia adquirida durante más de dos décadas permitió los productores redescubrir sus posibilidades, y sus características, para el momento actual. Así el proyecto, adaptado finalmente por Ashley Edward Miller, Zack Stentz y Don Payne, se convirtió en ese filme que ya supera los 479 millones de dólares de recaudación. Sigue leyendo

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Audiovisual e industria cultural. Sangre y arena en Espartaco

Jorge Ángel Hernández

Espartacus. Blod and sand. Exhibición del cuerpo y los patrones actuales de bellaza, sobre todo

Spartacus. Blod and sand.
Exhibición del cuerpo y los patrones triviales de belleza, sobre todo

 

Para Martin Hopenhayn, la inmersión de lo cultural en las estrategias políticas, a través del sistema operativo de la industria cultural, pone en juego “el tema original y recurrente de la modernidad cultural: el conflicto entre la ratio —o razón económica instrumental— y el sentido.”(1) Esta emergencia se aprecia con fuerza en el audiovisual, sobre todo en el seriado, que sigue estando abiertamente destinado al consumo doméstico. Y un caso típico se halla en la recurrencia —lugar común de la industria cinematográfica— a eventos históricos de amplio grado de retransmisión. Es el caso de Espartaco, el esclavo que lideró la más difundida rebelión contra el imperio romano.

Espartacus. Sangre y arena, fue creada por Steven S. DeKnight, quien es uno de sus guionistas principales y, además, productor ejecutivo. La primera temporada comenzó a transmitirse a inicios del año 2010, y contaba con una expectativa nada despreciable. Como otros tantos productos, su antecedente inmediato se ubica mucho menos en la historia que en la propia industria cultural: el filme Gladiator, de Ridley Scott. Desde una perspectiva histórica, la película de Scott altera condiciones, circunstancias y eventos por los que debía transitar la existencia de los gladiadores, aunque abunda en detalles y elementos puntuales que remarcan su carácter histórico y revelan resultados concretos de investigación. Se trata de una estrategia simbólica que busca desplazar las circunstancias sociales con elementos considerados de tipo cultural, como costumbres domésticas, incluidas la comida y la bebida, prácticas sexuales y bienes culturales. Sigue leyendo

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Traficar ejemplares influencias

Jorge Ángel Hernández

Tráfico de influencias, Ediciones Unión 2012,  213 pp.

Tráfico de influencias, Ediciones Unión 2012, 213 pp.

Luego de tanto recurrir a los mismos artificios, la poesía rimada fue perdiendo su esencia elemental, su capacidad de expresar y, sobre todo, su fuerza emocional. El sacrificio de estas necesarias funciones poéticas por la búsqueda de la perfección formal, creó un abismo difícil de salvar entre lectores y poetas. Semejante caos llevó a anunciar, no sin cierta lógica, el fin de las estrofas clásicas y, con ello, la muerte de sus modos expresivos. Algo de piedra había en el sonar del río, pues no son tantos los nombres que, al cabo de la natural decantación temporal, pueden mostrar esas obras sin vanas disculpas de circunstancialidad.

Más larga y dispersa datación conserva la tradición filosófica en la poesía —cubana y universal—, aunque acaso esta haya sido más duramente depredada por las sucesiones de tendencias poéticas que controlaron los modos de decir. El filosofar poético era rareza en nuestras letras hacia las últimas décadas del siglo XX. Y más bajo y preterido el uso del humor y la ironía, hasta el punto de verse en extremo singularizado en casos como los de Nicolás Guillén o Virgilio Piñera en nuestro contexto nacional.

Sin embargo, un libro como Tráfico de influencias, de José Luis Serrano, (1) echa por tierra este criterio y revela que, lo que fue vicio en tantos escribanos inspirados, es esencia en la letra de poetas raigales. Sigue leyendo

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Poemas de amor en el país de los viernes

Alpidio Alonso

Alpidio Alonso Grau.
Foto: Eridanio Sacramento

Jorge Ángel Hernández

Los viernes, muchos estudiantes universitarios tomaban los trenes de la línea norte del centro de la Isla para pasar el fin de semana en su ambiente familiar. Era un viaje difícil, forzado por el hacinamiento y poblado además por indolencias varias de los disímiles viajeros. Y con azares lamentables de diversa índole. De esa atmósfera crasa y fustigante ha extraído verdadera poesía Alpidio Alonso en su poema “País de los viernes”. Una historia que recuerda tanto a la literatura como al cine italiano de la primera etapa de la segunda mitad del siglo XX. Con el deseo y la expectativa como centros; como si justo ese contexto fuese el cauce subterráneo que el minero-poeta deberá horadar. Sigue leyendo

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La desbordada contención de Elocutio sine nomime

Jorge Ángel Hernández

Elocutio sine nomine, Ediciones Unión, 2011, 75 pp.

Elocutio sine nomine, Ediciones Unión, 2011, 75 pp.

Uno pudiera preguntarse por qué un poemario escrito en castellano se presenta con un latinazo como título. Es una reacción medianamente lógica, común, que deberá revertirse una que vez que se emprende la lectura de Elocutio sine nomine, de Teresa Fornaris.[1] Son textos eminentemente elocutivos, estructurados a partir del gesto reflexivo y, en conjunción, en los constates juegos perceptivos que la imagen poética propone. La poesía de este cuaderno evade concentrarse en circunstancias vivenciales focalizadas en la anécdota y, por demás, evita sostenerse a partir del fluir consecutivo del discurso convencional de los poemas. No son, sin embargo, elocuciones inconexas, o demasiado aisladas como para que parezcan islas a la deriva de un mapa que las difumina, sino cápsulas de inquietante lirismo y turbadoras sentencias. Sigue leyendo

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Poesía genérica en tiempos de transgénero

Jorge Ángel Hernández

Publicado en Cubarte, El ojo atravesadoEstado de espera (ilustración)

Sin llamar demasiado la atención de la crítica, como es bastante común en nuestro panorama nacional, dos poemarios cuya perspectiva genérica bien valdría la pena tener en cuenta circulan por nuestras librerías: Estado de espera, de Leyla Leyva, y Lattes capuccino, de Clara Lecuona. Estos apuntes que siguen no son sino un llamado de atención, una alerta de lector conquistado por sus perspectivas.

Los intereses de un sujeto lírico femenino se imbrican coherentemente con las revelaciones vivenciales de la autora a través de los poemas de Estado de espera, de Leyla Leyva. (1) No hay confusión, sino alternancia, aunque, no sin intención precisa, esa alternancia coquetea con lo impreciso. Se trata de una poesía que a cada paso acude a circunstancias reales al tiempo que define su estilística a favor de una lírica esencial y contenida. Aunque cargue y obstaculice sus lances, la cotidianeidad no es, para ambas, una carga de Sísifo, o un obstáculo al que es necesario reventar, sino un desafío, una meta a la que habrá que salvar sobre la marcha. Sigue leyendo

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La historia de las políticas culturales en Cuba, un estudio necesario

Mildred de la Torre MolinaMildred y su equipo

Tres años atrás, el Portal de la Cultura Cubana dio a conocer el inicio de un proyecto investigativo sobre la historia de las políticas culturales del Estado cubano durante los años que median entre 1934 y 1961, por un grupo de investigadores del Instituto de Historia de Cuba.

El objetivo del anuncio público, como el de la socialización de sus resultados parciales, a través de diferentes vías, fue llamar la atención de los investigadores, y del público en general, sobre la apertura de un nuevo centro de debate alrededor de un tema poco estudiado, hasta el presente, bajo la óptica de la historia de los procesos sociales de la época analizada. La comunicación, además, albergaba el propósito de aunar a especialistas, de diferentes ramas de las ciencias sociales, para la realización de semejante empeño. En este último sentido no recibimos la respuesta esperada, aunque por propia iniciativa, el grupo contó con las asesorías permanentes de cinco destacadas profesionales: las doctoras Danay Ramos y María Luisa Pérez López de Queralta y las másters Irina Pacheco, María Isabel Landaburo y Tania Chappi. Sigue leyendo

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El Logos y la imago

Jorge Ángel Hernándezplanifesrio para colorear

De acuerdo con la primera acepción del diccionario de la Real Academia, el logos es el “discurso que da razón de las cosas”, es decir, aquello que define el significado del objeto percibido y de los modos de expresión que a su alrededor se generan. En su segunda acepción, se trata de “razón, principio racional del universo”, con lo cual se completa el sentido en versión paradigmática, pues si en principio el sentido adquiría el valor fundamental, se le considera ahora como “principio racional”. Se hacen así explícitas las consecuencias a que el sentido alude; por tanto, esta es la condición que adquiere el logos en el paradigma civilizatorio y la que seguiremos en los siguientes lances analíticos.

La imago, por su parte, vale en su más cercana acepción al término griego original: “figura, representación, semejanza y apariencia de algo”. Si a través de la imago el ser humano se representa al objeto al que el logos ha dado “principio racional”, esta puede parecer una consecuencia significacional del logos, lo cual sucede con frecuencia y ha malogrado tanto teorías que parten del marxismo para su interpretación como otras que buscan rutas menos materialistas para su desarrollo. Sigue leyendo

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Premio de poesía Nicolás Guillén 2014

ConvocatoriaPLUMA

Con el propósito de fomentar la creación y promoción de obras de poesía, la Editorial Letras Cubanas, la Fundación Nicolás Guillén y el Instituto Cubano del Libro, convocan a la décimo cuarta edición del PREMIO DE POESÍA NICOLÁS GUILLÉN, que se regirá por las siguientes bases: Sigue leyendo

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La pelota y el corazón cubano

Guillermo Rodríguez RiveraAroldis Chapman

Mi amigo Leonardo Padura ha publicado un buen artículo –como suelen ser los suyos– en el que comenta los avatares del proyecto de efectuar en Miami un juego de pelota entre los jugadores veteranos del equipo Industriales, que pondría a competir a los ex–Industrialistas que ahora viven en los Estados Unidos con los que residen en la Isla.

La que Padura llama “osada” idea de un empresario cubano radicado en Miami, tuvo la inmediata aceptación de los jugadores de las dos orillas, muchos de los cuales jugaron juntos y que, obviamente, están deseosos de reencontrarse.

El proyecto fue aceptado también por las autoridades cubanas, que concedieron su autorización –afirma Padura–  “sin ningún tipo de afirmación oficial”, “como si no estuviera ocurriendo”. El problema surgió con la aceptación de los cubanos del exilio. Creo que la inmensa mayoría de los cubanos de Miami, estaría ansiosa por ver a estos atletas retirados cuyas hazañas deportivas admiraron tiempo atrás. Sigue leyendo

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Poema largo y otros poemas

Aquí dejo la pista, en hipervínculos, de algunos poemas que he publicado en Ogunguerrero

Las etapas del odio, Capiro, 2000. 102 pp. ISBN. 959-7035-63-4

Las etapas del odio, Capiro, 2000. 102 pp. ISBN. 959-7035-63-4

y agrego otro, de mi libro Las estapas del odio, con cuya organización definitiva tanto tuvo que ver el poeta Alpidio Alonso, a quien acompañaré en su Tertulia habitual de agosto, Amor de ciudad grande, el próximo viernes 16.

POEMA LARGO

Cae la sombra

La soledad se descuelga en una línea de araña laboriosa

Concurre la miseria como un culpable que mira a los ojos de su juez

El suicidio corrompe el estertor de los suicidas

Cae la sombra

En una línea de araña laboriosa la soledad se descuelga

Como un culpable que mira a los ojos de sus juez concurre la miseria

El suicidio corrompe el estertor de los suicidas

Cae la sombra

La soledad se descuelga en una línea de araña laboriosa

Concurre la miseria como un culpable que mira a los ojos de su juez

El suicidio corrompe el estertor de los suicidas

Cae la sombra Sigue leyendo

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